Nueva semana de reuniones de Bancos Centrales, y nuevas sorpresas a la vista. Tradicionalmente, EEUU y la UE habían recorrido caminos más o menos paralelos en materia económica. La idea estaba clara: mantener la paridad de precios y por ende, el poder adquisitivo, y controlar las fluctuaciones monetarias. Pero en esta década todo ha cambiado: la inflación transitoria no termina de pasar, y, mientras la economía europea ha gripado debido a sus tipos de interés altos con países como Alemania, Inglaterra y Francia en recesión o cerca de ella -España crece, simplemente por el rebote del turismo, y el gasto desmedido del sector público-, en EEUU los elevados tipos de interés no parecen haber afectado ni a su economía, ni a sus mercados -a pesar del retroceso que estamos viviendo en durante las últimas semanas-.

Todo ello ha causado que en la nueva ronda de reuniones de banqueros centrales, los caminos de ambos gigantes económicos se haya bifurcado. Y es que, mientras el BCE volvió a bajar los tipos de interés en 25 puntos básicos para dejarlos en el 2,5%, EEUU los ha mantenido en el nivel del 4,25% – 4,5%.

¿Y qué consecuencias acarreará esto?

Veámoslo a tres niveles:

Impacto en la macroeconomía

Si la FED1Página de la FED mantiene los tipos en un nivel alto durante varias reuniones mientras que el BCE2Página del BCE los recorta y planea seguir bajándolos, se pueden generar varias dinámicas económicas clave:

  • Divergencia en las políticas monetarias: La economía de EE.UU. seguiría con una política más restrictiva, lo que podría desacelerar el crecimiento, contener la inflación, e incluso desatar una leve recesión, cosa que ya admitió el propio Trump. Mientras, en la eurozona, los recortes del BCE buscan estimular la actividad económica y evitar una recesión prolongada.
  • Mayor atracción de capital hacia EE.UU.: Si la FED mantiene tipos altos, los bonos y activos en dólares ofrecen rendimientos más atractivos que los europeos, atrayendo flujos de inversión hacia EE.UU.

Impacto en los mercados y bolsas

Evidentemente, los índices de EEUU podrían verse presionados a la baja en el corto plazo, cosa que de hecho ya está pasando, atentos al retroceso del S&P500 del 8% – 10% desde máximos, o del NASDAQ del 11%. Esto es porque tipos más altos afectan a las valoraciones de empresas de crecimiento como la tecnología, o las small caps.

Índice násdaq

Por su parte, en las bolsas europeas deberíamos ver algún tipo de impulso en los mercados bursátiles a corto plazo, especialmente en sectores sensibles a tasas como inmobiliario, consumo y tecnología.

¿Y qué pasará con la relación EUR/USD?

Y por último, ¿Qué pasará con el arma de mayor control?: la divisa.

Pues desgraciadamente, sí la mayor divergencia entre la FED y el BCE en materia económica continúa, volveríamos a ver graves afecciones en el corto plazo, sobre todo para el euro, viendo como se vuelve a encarecer todo (especialmente la energía que se paga en dólares). Al final, un diferencial de tasas a favor de EE.UU. refuerza al dólar, ya que los inversores buscarán activos remunerados en dólares para aprovechar unos tipos más altos. Por tanto, el euro perdería atractivo, y aunque eso debería favorecer nuestras exportaciones -al ser todo más barato-, lo cierto es que parece que todo se encarecerá. De hecho, como se puede apreciar en el siguiente gráfico cada vez que ha habido grandes gaps de tipos de interés entre el BCE y la FED, el poder adquisitivo del euro ha sufrido las consecuencias.

Por lo que de continuar con este diferencial durante mucho más tiempo, no sería de extrañar, volver a recuperar la paridad 1:1, que ya vimos en 2022.